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  • Sintonia Hormonal

El SOP, las pastillas y yo

Yo también tomé pastillas anticonceptivas. Nos íbamos a vivir a Alemania y decidí ir a una cita de control donde la ginecóloga y salí devastada. Luego de vivir 26 años controlando mi cuerpo de manera natural, la doctora me había diagnosticado con ovario poliquístico.


Así es… Cumplía con todas las condiciones de ovario poliquístico:


  • Ovarios llenos de folículos sin madurar que se mostraban en el ultrasonido como pequeñas pelotitas dentro del ovario.

  • Tenía hirsutismo, exceso de vello en mi cuerpo.

  • Y por último, mis exámenes de sangre mostraban la testosterona y andrógenos ligeramente elevados.

“Usted tiene una condición que se llama ovario poliquístico. Le recomiendo que tome pastillas anticonceptivas. Le ayudaran a eliminar el exceso de vello, a controlar los síntomas. Es bueno que las tomes para que no te cueste quedar embarazada a futuro.”

Ese día puedo decir que si que me sentí asustada. Había pasado toda una vida teniendo ovario poliquístico y no me había dado cuenta. Si es cierto que mis menstruaciones no eran perfectas, eran muy abundantes, dolorosas y no muy regulares que digamos. Sin embargo, había aprendido hacer mi vida con eso y vivía tranquila. Pero luego de la cita médica, fue otro escenario. La parte que más resonaba en mi era que si no tomaba pastillas anticonceptivas no iba a lograr fácilmente un embarazo en el futuro. No que quería ser madre inmediatamente, pero eso de formar una familia si estaba dentro de mis planes futuros.



Así que sin poder una tomar segunda opinión, decidí tomar el consejo médico de mi ginecóloga en ese momento. Compré las pastillas y me leí toda la prescripción como 3 veces, así para estar segura según yo a lo que iba. Decidí que las iba a tomar por un tiempo para ver como me iba, y así fue como las tomé casi por 4 años.


Recuerdo que las primeras semanas fueron de lo peor, me daban demasiadas nauseas en la madrugada. Lo que no sabía era que las nauseas, así como muchos otros efectos secundarios de las pastillas habían llegado para quedarse, ya que durante el tiempo que tomé las pastillas, de vez en mes me visitaban.


Durante ese tiempo nunca me cuestioné dejarlas. Me daba miedo que los síntomas de mi ovario poliquístico volvieran (y en realidad nunca se fueron, sino que los tenía apagados, como todo mi cuerpo). Además, me había vuelto tan dependiente de las pastillas que no confiaba en otra manera de planificar que no fuera con ellas.



Al tiempo de estarlas tomando empecé a tener muchos cambios de humor, tipo síndrome premenstrual (ira, ansiedad, tristeza) pero mucho más frecuente; a veces llegaba el sangrado por deprivación una semana antes de la semana que tenía que llegar, sentía mucho estrés, dolor en los pechos… Sin embargo, tomé todos esos síntomas como normales; como consecuencias del cambio de vida que estaba llevando viviendo en otro país con otra cultura, etc. Llegue a minimizar esos dolores, nauseas y esos cambios de humor como si fuera algo normal en mis días y no era así.


Un día algo cambió. Faltaban alrededor de 6 meses para mi cumpleaños número 30 y me empecé a cuestionar si quería seguir tomando pastillas.

Había leído que luego de los 30 años tomar pastillas anticonceptivas aumenta el riesgo de muchas enfermedades como por ejemplo trombosis entre muchas otras cosas.

Le estuve dando vueltas a la idea mucho tiempo porque me daba temor tener un efecto rebote por dejar las pastillas. Siempre que pensaba en dejarlas me agarraba una ansiedad muy fuerte y me echaba para atrás. Pero luego de mucho pensarlo, decidí que iba a dejarlas como regalo de mí para mí al cumplir 30 años.

En el momento que decidí dejar las pastillas me empecé a cuestionar muchas cosas de porque las había empezado a tomar, el cómo me habían ayudado las pastillas a mi ovario poliquístico y cómo podía tratar de lidiar con eso de manera natural. Entre más buscaba, leía y aprendía, más me convencía que tenía que dejar las pastillas. Pero por el otro lado me invadía la ansiedad y el miedo de lo que me podía pasar si las dejaba.


Así que, esos meses previos a dejarlas fue una ardua lucha interna conmigo misma y mis miedos.Por suerte mi fuerza interior fue más fuerte que mis miedos y cuando llegó mi cumpleaños número 30 me regalé el mejor regalo: la libertad de vivir sin anticonceptivos.


¿Cómo lo logré?



Debo decir que primero que todo, tener una paz interior y una gran fuerza espiritual me ayudo muchísimo. A veces no nos damos cuenta pero para dar esos pasos gigantes necesitamos de una fuerza espiritual que nos impulse, que nos rescate cuando caemos al vacío.


Aunado a eso, mi pareja me ayudo muchísimo. La travesía se volvió algo de los dos. Íbamos en el mismo barco juntos y nos unimos más que nunca. Cuando suceden este tipo de circunstancias en la vida te das cuenta que hay que tener a tu lado a esa persona que te ame con locura, aquella persona que quiera que seas en el futuro una mejor versión de ti misma. Esos son los amores que lo valen todo y más.


Y luego, como en esta vida nada es casualidad, en Alemania encontré una de mis mejores amigas que de paso era instructora del método sintotérmico. Ella fue luz para mi en esa etapa y bueno, todavía me irradia a la distancia. Me sostuvo y me apoyó como ninguna amiga lo había hecho antes. Me enseñó con toda la dedicación del mundo el método sintotérmico, me pasaba tips, me compartía sus experiencias. Fue lindísimo porque vivimos el proceso juntas, así como hermanas que nos pone la vida.


Asimismo, a nivel personal tomé las precauciones de realizarme un chequeo médico antes de dejar las pastillas para llevar cierto récord de mi historial médico. Lara Briden y Dr. Jolene Brighten se volvieron mis gurús en el tema de salud femenina.


Mejoré mucho mi alimentación, me volví más consciente de cuáles alimentos realmente me nutrían y ayudaban, así como aquellos que me causaban inflamación (el azúcar en mi caso). No eliminé ningún alimento, sino que le dí prioridad en mi dieta a la harina integral, los carbohidratos complejos llenos de fibra, las grasas saludables y la reducción de alimentos procesados y el azúcar. La alimentación fue una parte importante en el proceso porque en salud todo está conectado, y depende mucho de nosotros cómo nutrimos nuestro cuerpo para que se adapte a las circunstancias y el entorno en el que vivimos. El ejercicio también se volvió parte de mi rutina. Decidí que el ejercicio iba a ser un hobby que apoyara mi salud y no una carga para simplemente mantener mi peso. También, comencé a tomar vitaminas para acompañar a mi cuerpo durante ese proceso, bueno todavía lo sigo haciendo porque me parece una buena práctica.


Luego de dejar las pastillas mi menstruación llegó 35 días después. Al principio mis temperaturas eran completamente erráticas y mi moco cervical duro casi 5 ciclos en aparecer (eso sí, no regreso con la abundancia de antes). Confirmar ovulación fue difícil al principio pero con el tiempo, mis ciclos se regularon y el método sintotérmico se volvió mi mejor herramienta para monitorear mi salud.


Luego de haber dejado las pastillas me pregunté porque no las había dejado antes. Me dí cuenta que todos esos dolores y cambios de humor no eran normales, sino más bien efectos propios de las pastillas anticonceptivas. Todavía sigo teniendo ovario poliquístico pero aprendí a sobrellevarlo de manera natural. Vivo feliz, me abrazo en días buenos y también en días malos. Me encontré con mi cuerpo y vivo en sintonía con él.



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